EL SEÑOR DE LA LUZ
Cuando encaramos un nuevo proyecto lumínico con la consecuente y necesaria adquisición de artefactos, debemos saber cuál es la diferencia entre un armador y un fabricante de luminarias. Básicamente, podemos definir al armador como la empresa que trabaja con materiales estándar y servicios provistos por terceros (placas y perfilería de aluminio; leds, ópticas, lentes, fuentes de alimentación; pintura), para luego ensamblar dichas partes y dar con el producto que comercializará. Eventualmente, si conviene, lo acompañará con un estudio y certificación fotométrica provista por algún servicio externo; su infraestructura y recursos son mínimos. Strand, como fabricante, en cambio, transforma materia prima básica en tecnología con valor agregado, partiendo desde de los lingotes de aleación de aluminio, los cuales funde y procesa en hornos e inyectoras propios, utilizando matrices diseñadas y fabricadas especialmente para cada modelo de luminaria; su posterior mecanizado, pintado y horneado en su propia planta industrial, incluyendo su estricto control de calidad, armado local de placas led y lentes y verificación de los parámetros fotométricos en laboratorio de su propiedad. Pequeña gran diferencia, ¿¡no!?


Los procesos de fabricación
Cuando ingresamos, junto con Jorge Menéndez de Editores SRL, en su planta industrial en San Martín (Buenos Aires), por un instante creí estar dentro de una obra de ficción, sorprendido por la intensa actividad. Mas rápidamente recuperé la noción de realidad y observé cómo las cuatro inyectoras, cada una de ellas alimentada con aluminio líquido producido por el horno a gas, moldeaban los cuerpos de las luminarias que cada operador retiraba y apilaba ordenadamente para que se enfriaran.
Desde el inicio de la visita, nos explicaron en detalle el proceso de conversión del lingote de aluminio aleado (aluminio, silicio, cobre, hierro y cinc, según ALSI 132), su fusión a más de 600 °C y compresión, hasta la aparición de la luminaria, sin nunca dejar de controlar la corrección del proceso. ¡Claro!, quien nos guiaba no era un simple guía, sino el Ing. Juan Abdul Luis Pizzani, responsable de la operación y producción de este establecimiento pionero e histórico en el diseño y la fabricación nacional de equipamiento lumínico urbano, deportivo, ornamental y artístico. A nuestra visita se sumó sigilosamente el Ing. Hugo Manuel Caivano, con su imponente estampa y alma mater de Strand, conservando sus juveniles inquietudes de curioso emprendedor, soñador y estudioso trabajador. [NdlR: ver apartado: In memoriam Hugo Caivano].
Continuando con el recorrido de la planta (aprox. 5.000 m2 cubiertos), observamos matrices de fabricación nacional listas para darle vida a nuevos modelos de artefactos más livianos, eficientes y resistentes a las inclemencias climáticas y humanas (hurto y vandalismo). Vimos cómo los cuerpos recién inyectados se repasaban manualmente (eliminación de mínimas rebabas perimetrales), para luego ser apilados y transportados hasta las mecanizadoras automáticas programables que se encargan de ejecutar todas las perforaciones y roscas que cada modelo de luminaria requiere. Toda esta etapa del proceso ha sido optimizada en cuanto a precisión y tiempo de trabajo que demanda cada producto.
En el sector de almacenamiento de mecanizado, las partes constitutivas de cada equipo se identifican y alojan hasta completar la cantidad requerida por el cliente. Luego se trasladan hacia el sector de tratamiento superficial (desengrasado, fosfatizado, lavado-neutralizado y enjuague), y más tarde continúan hasta la zona de secado, pintura y horneado, donde cada dispositivo recibe el acabado superficial solicitado en el pedido (uno o más colores), con pintura en polvo termocontraíble con adherencia mediante sistema electrostático y posterior horneado. Esta parte del proceso es clave porque es donde se le brinda al equipo la protección contra todos los agentes atmosféricos habituales (radiación UV, humedad, ambiente salino y temperaturas extremas).
Una vez terminadas todas las partes (cuerpo, óptica, refractor, reflector, bandeja portaequipos, etc.), se arman las luminarias y se las prepara para el montaje, cableado y conexionado eléctrico (terminales, bornes, precintos, placas con leds, equipamiento auxiliar, fuentes, etc.). Luego, el 100% de los productos fabricados se revisan y prueban según un control de calidad estandarizado, en consonancia con las normas y reglamentaciones vigentes (ISO 9000, IRAM AADL, IEC y AEA).
En la extensa trayectoria de Strand en el campo de la iluminación, se destaca su adaptación técnica a la dinámica transformación y desarrollo de los diferentes tipos de fuentes luminosas que han ido surgiendo con el correr de los tiempos. Desde la clásica y compacta línea L y LN con incandescentes halógenas con conexión bilateral, posteriormente adaptadas para trabajar con mercurio halogenado lineal o elipsoidal; pasando por los modelos colgantes de las series A y CFR convertidos de vapor de mercurio a sodio alta presión, con iniciales ensayos «mutando» a lámparas de estado sólido (SSL); hasta finalmente llegar al actual universo led, con nuevos diseños innovadores y eficientes de luminarias, placas led, accesorios y lentes, absolutamente todo con el destacado y orgulloso grabado «Industria argentina».
Strand pone a disposición del público usuario más de doscientos modelos de luminarias y accesorios de montaje, ya sea para alumbrado público urbano (calles, rutas, rotondas, distribuidores, túneles, estaciones de peaje y autopistas) o iluminación industrial (grandes áreas, playones, almacenes, depósitos, playas de maniobras, usinas generadoras de energía, estaciones de servicio, plataformas de transbordo, estacionamientos), deportiva (estadios, hipódromos, autódromos, velódromos), decorativa y ornamental (edificios institucionales, paseos, parques y jardines).